"Punta Arenas, la capital del territorio de Magallanes (Chile)- denominado también Patagonia chilena-es una bella e interesante ciudad, que actualmente tiene de veinticinco a treinta mil habitantes. Situada pintorescamente sobre el mismo estrecho de Magallanes, dista doscientos kilómetros de la frontera argentina y trescientos de Río Gallegos, capital del territorio de Santa Cruz, con la cual tiene gran facilidad de comunicaciones tanto por mar como por tierra. No es el objeto de este libro hacer una descripción geográfica de los lugares citados, ni menos la reseña histórica de su desarrollo y evolución, que, por otra parte, han sido hechas con el mayor detalle en diferentes circunstancias; pero es conveniente dejar sentado que Punta Arenas fue en todo tiempo el centro de operaciones de los piratas, que han asolado la Patagonia hasta hacerse dueños absolutos de ella y de Tierra del Fuego, y que en la actualidad comparte esa condición con Río Gallegos, que a tales efectos puede y debe considerarse como una especie de sucursal. Llama de inmediato la atención del viajero observar una magnífica plaza pública, situada a tres cuadras del puerto; dotada de árboles frondosos y jardines exquisitamente cuidados, resalta más su belleza con la contemplación de los suntuosos edificios que la rodean, regias mansiones de los Menéndez, Montes, Braun y otros opulentos capitalistas patagónicos. Alzase en el centro de esta plaza un artístico monumento de bronce y granito, erigido a la memoria del descubridor del Estrecho, Hernando de Magallanes, monumento que fue inaugurado durante las fiestas del último Centenario a las que asistió el infante don Fernando, de la casa real española, y que fue obsequiado por la familia Menéndez Behety, en nombre del extinto José Menéndez. Sobre fuerte y elegante basamento de granito yérguese- fundida en bronce- la gentil y airosa figura del navegante eximio y valeroso. De cara al Sur y ligeramente inclinado hacia el Oeste, extiende su robusto brazo en esta dirección, como si, presciente o iluminado sobre el tragico final que le esperaba, quisiera señalar a sus tenaces y abnegados compañeros de aventura el plus ultra, el "más allá" de la raza ibérica, la ruta gloriosa, que el indomable vasco Juan Sebastián Elcano hubo de seguir hasta completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo, iniciada por su jefe y entrañable amigo, el portugués don Hernando de Magallanes. A los costados Este y Oeste del monumento se destacan las figuras simbólicas de dos indios, ona y tehuelche, respectivamente, reproducidas con toda fidelidad en sus vestiduras primitivas y rudimentarias y en sus rasgos fisonómicos y musculares, reveladores de la fortaleza de esas razas, hoy depauperadas por sus horribles sufrimientos y casi totalmente extinguidas. En la parte posterior, del lado que mira al Norte y entre instrumentos de navegación, aparece un libro abierto, en cuyas páginas estan inscriptas las diversas fechas de partida de la expedición, descubrimiento del Estrecho, etc., etc. Y por último en la parte anterior, hacia el Sur, como una clarinada de soberbia-burda y grosera mezcla de imbecilidad y pedantería- en una plancha de bronce se lee la siguiente dedicatoria: A HERNANDO DE MAGALLANES JOSE MENENDEZ Así; tú por tú, de igual a igual; reflejando la necedad de ciertas gentes, para las que el vil metal es el gran nivelador con absoluta prescindencia de lo que valen y significan conceptos tan elevados como los de Virtud, Abnegación y Heroísmo. Dícese que "de lo sublime a lo ridículo no hay sino un paso" y también se afirma que "una distancia insignificante separa al héroe del aventurero vulgar"; pues bien, los autores de semejante inscripción, sean quienes fueren, han dado ese paso y han salvado esa distancia de una sola plumada."
La Patagonia Trágica José María Borrero, 1928.
militares y privatización
"La participación de los militares en la política económica del gobierno de Augusto Pinochet y ,en especial, en la privatización de las grandes empresas del Estado que antes eran consideradas "estratégicas", constituye una de las paradojas de la historia económica reciente. El 11 de septiembre de 1973, cuando se produjo el golpe militar, el Ejército no tenía un plan definido para enfrentar la situación económica. Incluso en la repartición por áreas que se efectuó inmediatamente después del Golpe, le correspondió a la Marina el sector económico. Y fueron los marinos quienes tuvieron los primeros contactos con el equipo civil que esbozó el programa inicial, originalmente a través de Roberto Kelly, quien fue el primer Ministro Director de Odeplan de Pinochet, y de Hernán Cubillos Sallato, integrantes junto a Agustín Edwards de la Cofradía Náutica del Pacífico Austral. (Hernán Cubillos Sallato fué Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno militar entre 1978 1980. En agosto de 1968 habían creado junto a Roberto Kelly y Agustín Edwards la Cofradía Náutica del Pacífico Austral, para el cultivo de los deportes náuticos. Pertenecieron entre otros a esa Cofradía los almirantes José Toribio Merino, Patricio Carvajal y Arturo Troncoso, como recuerda Arturo Fontaine Aldunate en Los Economistas y el Presidente Pinochet. Esa Cofradía, aunque partió con un sentido deportivo y de convivencia, generó una afinidad que sería significativa para la planificación del golpe militar, como destaca en Chile, La Conjura, los Mil y un días del Golpe, la periodista Mónica González). Hasta comienzos de los años setenta, los criterios económicos prevalecientes en el Ejército eran los tradicionales del Chile de hace tres décadas: economía mixta, con las riquezas básicas y las empresas denominadas estratégicas en manos del Estado. Pocos hubieran podido imaginar por aquel entonces que bajo un gobierno militar se realizaría en Chile la privatización de las grandes empresas del Estado. En los primeros tiempos después del Golpe, el Comité Asesor de la Junta Militar(COAJ) creado en 1974, que más tarde pasó a ser el Comité Asesor Presidencial(COAP), formado por oficiales fundamentalmente del Ejército y algunos civiles preocupados de asesorar a los nuevos gobernantes en las políticas que seguirían, tuvo un papel significativo. Incluso en muchas ocasiones actuó como barrera de contención donde topaban los proyectos ultraliberales del equipo civil. Originalmente, integraron ese Comité, entre otros, los entonces coroneles Gastón Frez, Luis Danús y Horacio Toro Iturra. Ya en 1974, por ejemplo, el ministro de Economía de ese momento Fernando Léniz Cerda, llevó al Comité Asesor una proposición de privatización de la Corporación del Cobre (CODELCO), la principal empresa del Estado de Chile. El proyecto no prosperó porque los militares lo impidieron, desplegando una verdadera operación defensiva contra esa embestida. Por esa época se iniciaba la primera ola privatizadora del gobierno que involucró empresas y bancos que estaban en manos del Estado en calidad de intervenidas o traspasadas, pero no se planteaba siquiera la posibilidad de vender las grandes empresas públicas. Cuando las ideas privatizadoras tomaron vuelo, hubo algunos altos oficiales, como el general Gastón Frez, quien-desde los máximos cargos en CODELCO- tuvo un papel protagónico en 1980 cuando se elaboró la Constitución y se logró que quedara garantizado el carácter estatal de CODELCO y de la Empresa Nacional de Petróleo(ENAP). Más de 26 años después, Léniz vuelve a insistir en su idea de privatizar CODELCO. Ahora el argumento es destinar el fruto de su venta a mejorar la educación, como expresó en El Mercurio, el 30 de enero de 2001. No obstante, mientras Pinochet iba asentando su poder como máximo jefe del país y los economistas fueron convenciéndolo de las bondades de su "modelo", muchos militares se fueron transformando en entusiastas seguidores de esta política económica. Este proceso aumentó de intensidad en la medida que los economistas fueron adquiriendo más poder político y se fue generando un encuentro entre las elites civiles y militares, hasta llegar a conformar una verdadera "alianza", base de sustentación del régimen de Pinochet."
El Saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, María Olivia Mönckeberg, 2001.
El club de la pelea.
"Dadas las singulares condiciones intelectuales, morales, sociales y políticas en que el gobierno de España mantenía a los pueblos de América, parece muy difícil, si no imposible que las ideas masónicas hubieran podido traspasar los innumerables obstáculos que se oponían a la introducción de cualquiera novedad en estos apartados dominios y que hubiesen podido encontrar, no ya raigambre, sino tan solo un eco en el temeroso y sumiso ánimo de los criollos hispano-americanos. Las repetidas prohibiciones-rayanas en lo increíble- para introducir libros, folletos o cualquiera otra clase de impresos; las requisiciones y pública destrucción de aquellas obras que, sin pretenderlo a veces, habian llegado hasta los hogares coloniales; las severas penas impuestas a los que contravenían las reales órdenes, mantenían en el ánimo de todos los habitantes de la America española el santo temor de Dios y del rey y los oídos cerrados a todo aquello que no fuesen protestas de fidelidad y alabanzas a su dueño y señor. "Habiendo reconocido- dice Carlos III- que resultan muchos y muy graves inconvenientes al buen gobierno y conservación de mis dominios del que se impriman libros, memoriales y papeles en que se trate o se discurra de ellos, o cosa que toque a su constitución universal ni particular por vía de historia, relación, pretensión, representación o advertencia, sin que preceda un exacto exámen con el inmediato conocimiento e inteligencia que requieren las materias que suelen incluir semejantes escritos, he resuelto se prohíba generalmente la impresión de ellos, sin que primero se haya visto por el Consejo a que tocase el que se hubiese de tratar, y pasado por censura" Por medio de esas severas e inexorables disposiciones restrictivas, el gobierno de la Metrópoli pretendía impedir que llegasen a conocimiento de sus vasallos de ultramar, ciertas noticias y ciertas ideas, que juzgaba altamente perjudiciales a sus intereses; "ciertas doctrinas sediciosas, perturbadoras del estado, enormemente injuriosas, etc". Ningún extranjero podía pasar a las Indias, ni tratar en ellas, a no estar habilitado con licencia real y carta de naturaleza, pena de perdimento de las mercaderías que contratase y de los demás bienes que tuviese, aplicado todo por tercias partes al fisco, juez y denunciador. Como se ve la sagacidad del legislador llegaba hasta los más minuciosos detalles. Mediante la repartición de los bienes del denunciado, se excitaba el celo de los denunciantes y, al mismo tiempo, se despertaba en los jueces el ánimo de encontrar culpables a los extranjeros, a toda costa. A todas estas disposiciones, dictadas día a día desde España y cuidadosamente cumplidas por los representantes de la autoridad en América, hay que agregar la colaboración incansable y eficaz prestada a la causa de rey en contra de las ideas nuevas, por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Con fecha 28 de enero de 1569, el Cardenal de Sagunto, Inquisidor general, escribía al Licenciado Servando de Cerezuela, residente en Oropesa, al mismo tiempo que lo nombraba Inquisidor de las provincias del Perú: "Entre otras cosas que S.M. ha mandado componer en el nuevo mundo de las Indias para servicio de Dios y suyo y aumento de nuestra religión cristiana, ha ordenado que se plante en ellas el Santo Oficio de la Inquisición, como cosa que ha parecido muy conveniente y que en estos reinos lo es". La real cédula de 2 de febrero de 1778, que hacía extensivo el "comercio libre" Buenos Aires, Chile y el Perú, abriendo sus puertos a las naves extranjeras, marca una nueva era a las actividades no sólo en el orden comercial y administrativo, sino también en el orden político e ideológico. La Logia Lautarina, introducida en Chile en marzo de 1817, no fué sino una de las numerosas ramificaciones que tuvo la de Buenos Aires, establecida por San Martín y Alvear, a su arribo de Europa, en 1812, los cuales se inspiraron en las sociedades secretas que, para trabajar por la independencia de América, fundara Francisco Miranda en Londres. Tal vez el sistema de los trabajos, el secreto de las tenidas, las palabras y signos de reconocimiento, inspiraron a Miranda el propósito de fundar una sociedad secreta, para trabajar en favor de la emancipación de la América, ya que este sería el único medio de proceder con probabilidades de éxito en regiones tan cuidadosamente vigiladas por la doble autoridad civil y religiosa. El 18 de septiembre de 1810, el pueblo de Santiago, al igual de lo ocurrido en Buenos Aires, constituyó una Junta de Gobierno. Los patriotas chilenos no tardaron en ser atacados por las disensiones internas, lo que permitió a los realistas vencer la primera revolución chilena y reestablecer el dominio español en todo el país, en el año 1814. Vencida esta primera tentativa revolucionaria, el gobierno español comprendió que no se trataba de un simple conato de sublevación, sino que se encontraba frente de un estallido de verdadera trascendencia; y que para prevenir nuevas tentativas, era necesario redoblar la vigilancia y aumentar el ejército. Al efecto, se hizo venir de España nuevo contingente de oficialidad y de tropa. San Martín vio en este aumento de vigilancia, un grave inconveniente para su servicio de informaciones. Los patriotas chilenos, emigrados a Mendoza, pudieron agruparse para coordinar sus esfuerzos, en la Logia Lautaro. San Martín estableció en Chile un servicio de agentes secretos, que fué el más vasto y mejor organizado que se recuerda en los anales de la guerra. Con su ejército y las ramificaciones de su Logia, logró llevar a cabo la empresa de independizar a Chile y dejar despejado el camino para marchar a batir el último reducto de la dominación española: el Perú."
La Masonería en Chile Benjamín Oviedo, 1929.
Independencias y Dependencias
"...la guerra empezó a arder encarnizadamente en esta provincia, con profusión de sangre desde el año de 1813, sin que hasta hoy haya cesado de todo punto. Este cruel azote, que tomó asiento en ella, la constituyó en un teatro de horrores los más espantosos. Las vidas y fortunas de sus habitantes, todo ha sido sacrificado a la alternativa de las huestes que han ocupado su suelo, tanto las españolas, como las liberales, indios bárbaros, y bandidos que aún nos incomodan. El robo, el cuchillo, la espada, el cañón, y el incendio, no han perdonado nada."
Intendente de Concepción Juan de Dios Rivera, 1827.